La experiencia se vive en tres "tiempos", es decir tres momentos en los que se considera la misma realidad desde tres ópticas y actitudes distintas: la vocación a la santidad, como pueblo de Dios, vista desde tres ángulos distintos: el de la profecía, el del sacerdocio y el del servicio. Esta es la misión de Cristo y de la cual participa la Iglesia y todo cristiano en ella.
El primer tiempo se lo denomina como acontecimiento, en donde los participantes en un ambiente de oración y contemplación descubren la presencia de Dios o el paso de Dios en los signos de los tiempos y, al mismo tiempo descubren la presencia del maligno en la historia de nuestras comunidades. Es ejercer la misión profética bautismal.
b) Segundo tiempo: se caracteriza por servir al ejercicio y el desarrollo de la dimensión sacerdotal, es decir la vocación del pueblo de Dios y de todo cristiano en el mundo de hoy.
Es la santidad comunitaria. A la luz del misterio de la Iglesia, se trata de redescubrir la "novedad" de las relaciones de fe, de su expresión radical en los consejos evangélicos, de su crecimiento progresivo, y reafirmar la opción, personal y comunitaria, por vivir la comunión con Dios y con los hombres (varones y mujeres) y por integrar y subordinar a esta comunión toda la realidad, en la disponibilidad total al bien universal. El segundo tiempo es la vocación de construir comunidad y de optar por la santidad comunitaria en una iglesia comunión y participación. Es mirar a la luz de la fe, la esperanza y la caridad cómo se puede vivir la misión sacerdotal del bautismo en un pueblo llamado a la santidad comunitaria.
c) Tercer tiempo: se caracteriza por servir al ejercicio y el desarrollo de la dimensión real o de servicio de la vocación del pueblo de Dios y de todo cristiano en el mundo de hoy. Es la pastoral que, como servicio de la Iglesia, orienta la acción comunitaria a una nueva imagen de Iglesia y de sociedad, en coherencia con la lectura profética de los signos de los tiempos; programa la acción en orden al cambio de la realidad presente en un mundo mejor y en una Iglesia más coherente con su vocación de sacramento universal de salvación; todo ello para contribuir con todas nuestras fuerzas a que venga a nosotros el Reino de Dios.
Es la misión de renovar la iglesia y la sociedad y construir el Reino de Dios de una manera comunitaria, por medio de un compromiso serio y con un proyecto de pastoral que tenga las características de ser global, orgánico y planificado. Es ejercer la como servidores de una iglesia servidora de la humanidad.